Vivimos rodeados de información procesada, rápida, lista para consumir. Aquí propongo lo contrario: un lugar para detenernos y cuestionar, para dudar con calma.
Un espacio donde la pregunta no sea el medio para llegar a una respuesta, sino el principio de otra búsqueda. Detrás de una pregunta, debería venir otra. Y luego otra más.
Lo hago de tres maneras: conversando con inteligencias artificiales —que a veces me devuelven una mirada y otras encaro para ver lo que opera por debajo—, escribiendo mis propias reflexiones, y en diálogos abiertos con otras personas.