¿Y si nos tomáramos la vida menos en serio, como un juego? La cuestión no sería ser el mejor, sino disfrutar de la partida. Explorando desde la observación y sin expectativas.
Almacenando recursos, sabiendo que todo lo que vivimos hoy nos servirá mañana. Sin saber qué viene después, porque la vida transcurre en el aquí y ahora.