Una conversación con Luisma Valencia
En octubre de este año, 2026, Luisma Valencia me invitó a Tinta Artificial, un experimento sobre las relaciones entre la inteligencia artificial y la escritura. Hablamos de cómo converso con las IAs y por qué les pido que me lleven la contraria, de lo que una máquina no va a sentir nunca, de para qué escribimos y de la vuelta a lo artesanal. Fueron 35 minutos de charla a dos voces.
Tinta Artificial Exploración creativa, con María Pérez Escuchar o ver en Substack · 35 minSobre el episodio, por Tinta Artificial:
María es una profesional del mundo del diseño, la comunicación y la publicidad que ha hecho de su vida un proceso de exploración, que inevitablemente pasa por resetear sus ideas periódicamente. Para eso ha encontrado en la IA una compañera de reflexión, de narración y de escucha con la que conversar con honestidad.
En la conversación podrás ver cómo conceptos de calado filosófico, preguntas de difícil respuesta y especulaciones sobre el futuro se integran con naturalidad en una actividad honesta y auténtica —a pesar de lo devaluado del término— que, contada por María, parece la cosa más normal del mundo.
— Luisma Valencia, Tinta Artificial
De lo que sale en la charla hay más aquí: IAismo, ¿Piensa mal y acertarás?, question.it, simedime y la Matriz Exploradora Fractal del Tiempo.
Transcrita del audio, con las muletillas quitadas y corregidos los nombres que el reconocimiento de voz entendió mal.
Luisma: Bienvenida a Tinta Artificial, a este experimento que estamos arrancando unos cuantos conocidos, unos cuantos amigos. Si os acercáis al Substack, veréis a Marco entrevistando a dos invitados anteriores, y hoy me toca a mí. Vamos a conversar con María, a conocerla un poco más, y a ver qué pensamientos tenemos en torno a la inteligencia artificial en distintos ámbitos, pero sobre todo en el mundo de la escritura, de la creatividad y del pensamiento. Hoy tenemos con nosotros a María Pérez. ¿De dónde eres, María?
María: De aquí, de Madrid.
Luisma: Yo estoy en Gijón, te hablo desde un coworking que tiene justo detrás el mar Cantábrico. Hay mucha gente de fuera trabajando aquí, de Alemania, de Italia, de Colombia, de Londres, que descubre que hay espacios donde se puede vivir y acercarse de otra manera al trabajo.
María: ¡Qué bueno! Me gustaría estar ahí.
Luisma: ¿Cuál es tu trayectoria? ¿Por qué etapas has pasado?
María: Estudié diseño gráfico. En su día no había tanta escuela como ahora; la licenciatura se llamaba Artes y Tecnologías Aplicadas al Diseño. Yo siempre he sido muy friki de la tecnología, desde chiquitita, y me gustaba el enfoque: me gusta el diseño, pero también la tecnología. Además dábamos sociología, historia, historia del arte, publicidad… Empecé a trabajar en internet por los 2000, sobre todo en el mundo digital, que es donde me especialicé. Fui de agencia en agencia, desarrollando la resiliencia, porque en la agencia trabajas muchas horas y es muy injusto: al final salen muy pocas cosas. Y sobre todo la mente divergente: siempre he tenido una cabeza distinta, digamos. He jugado mucho con el emprendimiento. He emprendido dos veces: una con mi propia agencia de publicidad y ahora con Proyecto DreamIt, en el que no me pongo etiquetas. De hecho, la etiqueta que he decidido es exploradora creativa, porque me costaba mucho encasillarme. Dije: si soy creativa, voy a inventarme mi propio título.
Luisma: Me siento muy reflejado, porque tenemos pasados bastante comunes. No estudié diseño, estudié Geografía e Historia, pero después me metí en el diseño gráfico y la publicidad, trabajé en estudios y también monté el mío. Esa experiencia no tuvo un buen final y tuve que cerrarlo; luego me enganché al mundo tecnológico, al desarrollo de negocio, y en 2017-2018 entré en la inteligencia artificial, en el machine learning, como le gustaba llamarlo a Francisco Martín, que fue quien me dio la oportunidad. Me resuena eso de tener la cabeza dividida de muchas maneras, que te llama a probar cosas, a experimentar. A veces no salen bien, o no se monetizan como te gustaría.
María: Ahora están muy de moda los perfiles multidisciplinares, los que llaman multidivergentes. De repente ya tenemos etiqueta.
Luisma: ¿Y un recuerdo de tu infancia? ¿Te criaste en Madrid?
María: Me crié en Madrid, en Pozuelo, donde he vivido casi toda mi vida. Me recuerdo jugando mucho en mi mundo. Mi padre siempre cuenta que cuando estaba concentrada hacía «mmmm…», y así sabían dónde estaba: totalmente inmersa, y por mucho que me llamaran no oía nada. También me recuerdo con mi primer Spectrum 48K, horas y horas. Con cada tecnología nueva intentaba de alguna manera acercarme a ella.
Luisma: Decías que te costaba ponerte un título. ¿Cómo lo has definido?
María: Exploradora creativa.
Luisma: ¿Y en qué proyectos trabajas ahora?
María: En propios. Y ya nos metemos de lleno en la inteligencia artificial, que para mí han sido las alas. Siempre se me han ocurrido muchas cosas, y ahora tengo la posibilidad de desarrollarlas por mi cuenta. Estoy haciendo mucho producto digital, sobre todo para mejorar el conocimiento humano, el conocimiento propio. Me gusta que la tecnología sea para mejorar nuestras capacidades, no para sustituirnos. Tengo dos proyectos activos. Uno quiere cambiar las reglas de la búsqueda de empleo: quita los puntos de dolor a los que todos nos enfrentamos, los noes, el postureo, y hace que la relación sea tú con la máquina y tú conociéndote. El otro parte de que casi todas las búsquedas empiezan a ser por inteligencias artificiales, y el problema es que o no te encuentran o se inventan cosas de ti. Ahora está muy de moda el GEO, que es como el SEO pero de las IAs. Con esto controlas tu narrativa desde el primer momento: puedes hablar con esa inteligencia y ver qué cosas hay en otros sitios que contradicen lo que estás diciendo. Estoy investigando mucho cómo entra la IA en las webs, qué pide y qué le devuelven.
Luisma: Decías que te gusta la tecnología cuando nos acompaña y no nos sustituye. ¿Cuándo te diste cuenta de que escribir, conversar con estas herramientas, cambiaba el juego? Que era un cambio irreversible y que querías entrar en ese mundo, que es lo que también experimentamos en Tinta Artificial.
María: Yo empecé con la IA más en lo gráfico. Para mí fue brutal, porque horas de Photoshop se hacían de repente con una facilidad… Empecé con ChatGPT y lo usaba para preguntar cómo hago esto o aquello, para que me ayudara a redactar o me corrigiera faltas. En un momento dado empecé a interactuar de otra manera. Yo soy muy socrática, así que era preguntar y ver qué contestaba. Era un poco el experimento de hasta dónde llegas, dónde nos replicas, dónde nos estás imitando y dónde nos sustituyes de verdad. Y si nos sustituyes, ¿por qué? ¿De qué nos estamos ocupando nosotros, para que una máquina sea capaz de sustituirnos? ¿Dónde debemos estar? Me puse a investigar más filosóficamente, porque en esa época estaba estudiando neurociencia y leyendo mucha filosofía, y jugaba mucho a «compárame este filósofo con este otro». Me gusta jugar con la IA a ver qué cosas nos está contando.
Luisma: Lo oculto.
María: Eso. Me gustaba ver hasta dónde iba llegando. Fue como una ola de mar que va, viene, va, viene y cada vez llega más lejos: interacciones cada vez más profundas.
Luisma: ¿Y cómo la integras ahora en tu día a día, en estos dos proyectos? ¿Con qué herramientas trabajas?
María: Sobre todo con Claude, y con Claude directamente en la terminal, en la pantalla negra del ordenador.
Luisma: Eso nunca lo he probado.
María: Es una bomba, porque entra directamente a tu FTP y te cambia los archivos. Con el proyecto que te contaba, el de Si_Me, tengo a la IA buscando cosas en mi web y a mi web viendo qué hace la IA dentro. Me gusta mucho publicar mis conversaciones con la IA, que las subo en nada; las imágenes las suelo hacer en Midjourney. Todas son conceptuales, sobre la idea de la que se habla en la conversación, y Midjourney me gusta porque es súper artístico. En Claude tengo un montón de carpetas según el proyecto, y luego Claude en la terminal me ayuda con la web. A mí me pasaba que vengo de crear webs, pero cuando no tienes programadores al lado, tiras de WordPress. Lo primero que hice fue una aplicación: hay un juego de adivinar canciones, Hitster, que tiene unas tarjetas limitadas, y un día dije: quiero seguir jugando y se me han acabado. Así que me hice el juego programándolo. Y empecé a pensar: ostras, ya puedo hacer cosas sola. Luego me hice una aplicación, question.it, con todas las preguntas que salen de mis conversaciones y mis reflexiones. Me había imaginado una carta que se gira y te sale una pregunta, y tú eliges la profundidad con la que te quieres sumergir en ella. Todo esto, de mi laboratorio de investigación. Y ahí dije: ya me puedo hacer la web sola. Pensé: todas las webs son scroll, scroll, scroll, todas iguales. ¿Por qué no jugamos con la tercera dimensión? Me acordé del Tetris en tres dimensiones al que jugábamos de pequeños e hice que las piezas fueran llegando. ¿Qué pasó? Que cuando terminé la web me di cuenta de que las IAs no podían leerla, porque estaba en JavaScript. Ahí surgió Si_Me. Dije: si no pueden leerla, ¿cómo tiene que ser mi web? Empecé a mirar a gente que conozco que tiene emprendimientos y cómo se alimentaban las IAs de ellos. Y vi que el problema no es solo poner bien las etiquetas, sino ver cómo entra la IA en tu web, cómo está hecha, si lo que cuentas en ella y, por ejemplo, en LinkedIn está enlazado… Cada cosa me lleva a un experimento. Tengo otro: una inteligencia que detecta qué cosas no estás contando en tu narrativa. Tú le empiezas a contar algo y te devuelve preguntas, porque con una estructura que he diseñado detecta qué parte falta. Así te llevas una idea más completa de tu propia narrativa y ves más a fondo tu situación, o lo que te haya pasado. Al final mi propio divagar me va generando cosas, y ahora puedo hacerlas.
Luisma: Fíjate que a mí me da mucha pereza usar estas herramientas para escribir. No me gusta. Podría ser mucho más productivo, publicar mucho más en LinkedIn o donde sea, pero no le veo sentido. Me gusta publicar a mi ritmo: un domingo por la noche, tranquilo en casa, se te ocurre algo y lo publicas. Y luego pienso en la gente que rechaza estas herramientas. Tengo familiares que trabajan en el cine, escribiendo guiones de series y películas, y cuando salió ChatGPT les dije que tenían que acercarse a esto. Lo rechazaron de plano. Y yo: ¿por qué rechazáis algo que os puede ayudar? No digo que vaya a escribir por vosotros. Tú y yo podríamos publicar mucho más, quizá incluso mejor, pero no lo hacemos porque lo que sale de mí tiene que salir de mí. La herramienta me puede devolver cosas, pero quien pone el criterio y el pincel somos nosotros. ¿Cómo vives tú ese acercamiento en la escritura, que es de lo que trata Tinta Artificial?
María: Justo una de las conversaciones que tuve hace unos meses con la IA fue sobre el IAismo, un nuevo ismo con sus en contra y sus a favor. Pero nada es del todo. Hay cosas en las que me parece que la IA no, y otras en las que sí.
Luisma: Y esas conversaciones, para que la gente entienda tu proceso: te pones a hablar con la herramienta como si fuera una compañera de trabajo con la que tomas café y le cuentas tus inquietudes, tus proyectos.
María: Realmente no lo hago así. Una compañera de trabajo tiene la parte empática, humana, la emoción; incluso tú estás en la conversación con tu opinión. Aquí intento ser más neutral. Lo que quiero es que nos devuelva algo sin que yo tenga protagonismo, porque una de las cosas que no quiero es… Ese es mi juego con la IA: le digo «me estás contestando esto porque te he dicho aquello», «has cambiado de opinión», «ahora me dices lo contrario», «me llevas la contraria porque ahora estás programada para llevarme la contraria». El otro día la IA me decía justamente: no soy neutral. Obviamente no lo es, porque tiene unos intereses, unos sesgos y también unos prejuicios: lee muchos textos, sobre todo occidentales, y la hacen un tipo de empresas. Pero es más neutral que nosotros, de alguna manera, porque nosotros tenemos todas nuestras emociones y nuestra subjetividad. Me gusta mucho que nos devuelva dónde estamos los humanos en esto: cómo nos estamos relacionando con el conocimiento, visto desde fuera. Por ejemplo, el otro día le hablaba de los refranes populares. Te pones a pensar en uno, como «piensa mal y acertarás», y dices: ¿por qué tengo que pensar mal? Analizábamos de qué época histórica vienen los refranes y si hoy estamos de acuerdo con lo que dicen. Son cosas que me vienen a la cabeza y la uso de peloteo. De peloteo, no de que me haga la pelota, que es lo que me pasaba con ChatGPT y por eso lo dejé: no había fricción. No quiero algo que me esté dando la razón; quiero algo que me contradiga, o que me busque ese lugar donde no estamos mirando. Así que no la uso tanto para redactar o escribir. Le doy más importancia a lo que escribe ella, a esa visión que nos hace reflexionar y decir: esto es lo que está pasando, o esto es lo que tú ves que está pasando. Me gusta por eso, por ser como un espejo de nosotros.
Luisma: En las últimas semanas ha habido polémicas por textos escritos con IA que no decían que lo estaban. El otro día El País publicaba una columna sobre la escritura con inteligencia artificial que dejaba entrever: ¿por qué no usar estas herramientas, siempre que seas transparente con lo que haces con ellas? ¿Crees que debemos ser totalmente transparentes cuando nos apoyamos en ellas para escribir?
María: Es un tema muy complejo y no quiero decir que tenga que ser así o asá. Al final cuenta lo que te aporta lo que estás leyendo, la transformación, lo que te llega. Si leo un texto de una IA y me hace reflexionar y profundizar en un tema, da igual que lo haya hecho una IA, porque lo que cuenta es qué hace en el individuo. Y aquí voy a ser un poco controvertida: somos demasiado protagonistas. Queremos lucirnos, pero al final todo tiene que ver con uno mismo. Creo que estamos llevando a la locura el exhibicionismo, el mostrarse, y nos estamos olvidando de mirar hacia dentro. Yo pongo el foco en la necesidad de ser auténticos. Una vez hablaba con una persona de cómo hemos quemado la palabra auténtico: todos queremos ser únicos, auténticos, y lo buscamos en el exterior, exponiéndonos, cuando el trabajo es hacia dentro. En eso la IA ayuda mucho, porque puedes tener conversaciones que no están expuestas, con un interlocutor que te devuelve cosas, y te vas situando y vas viendo cómo eres.
Luisma: Yo este año he empezado una especie de diario, una libreta. En la página de la izquierda apunto ideas, notas del proyecto, y en la de la derecha escribo de seguido, a veces sin punto y aparte, lo que siento ese día. A veces pasan dos días o una semana sin escribir, pero siempre intento sacar un rato a primera hora. Generas un espacio. Menos mal que tengo una letra rara, porque cuento de todo. ¿Qué crees que una herramienta no es capaz de hacer todavía al escribir? Esa parte personal, de todo lo que llevamos aprendido, que no puede entender porque no comprende.
María: Y no lo va a hacer nunca. Hay una parte humana que es justo lo que busco cuando hablo con las IAs: el lugar donde no nos van a poder sustituir. Por mucho que repliquen el pensamiento humano, por mucho que cuenten una emoción, no la van a sentir. Una vez tuve una conversación con la IA sobre esa sensación de cuando te da el sol en la cara: cuando la recuerdas y la expresas no tiene nada que ver con cuando la sientes. Un sabor amargo o dulce, un color, una sensación: se quedan en palabras. La IA es muy buena repitiendo palabras y contándolas muy poéticamente, pero la sensación no la va a tener. También está la intuición, un conocimiento nuestro que nace de otro lugar. Muchas veces escribes antes de darte cuenta de lo que estás escribiendo, y al leerlo dices: ostras, ¿es verdad? Tú misma descubres cosas escribiendo. Me parece súper sano ese trabajo, porque no es una cuestión de cómo escribes ni de qué escribes, sino de para qué escribes, qué transformación hay. Que es lo que decía antes.
Luisma: ¿Cómo crees que escribiremos dentro de cinco años? ¿Y dentro de un poco más?
María: El otro día justo reflexionaba sobre algo que no tiene nada que ver, pero un poco sí. Cambié el seguro del coche y me dijeron que me mandarían un SMS para hacer las fotos del coche. Recibo el SMS y pienso: esto es phishing, no contesto. Me llama la persona y me dice que tengo que contestarlo. Y pensé: ya no nos fiamos; incluso si te llama una máquina, ya no te fías. Igual que al principio nos fascinaban las imágenes hechas con inteligencia artificial y ahora lo que huele a IA nos atufa un poco, creo que va a haber una vuelta a lo artesanal, a lo que se note que es humano. Cómo será, no lo sé, porque todo lo que te imaginas siempre pasa distinto. Pero sí creo que lo híbrido y lo que no es híbrido convivirán, y se notará qué es cada cosa.
Luisma: ¿Y cómo ves tu camino profesional en los próximos años? Lo digo con cautela: antes, para hacer un proyecto así, necesitabas un frontend, un backend, un diseñador interactivo, alguien de UX/UI, otro de SEO… Y ahora María hace esos proyectos ella sola, de principio a fin. ¿Cómo crees que va a evolucionar tu profesión?
María: No tengo ni idea. Es imposible contestarte. Hace dos años, hablar de lo que estamos haciendo hoy con inteligencias artificiales era imposible, así que cualquier cosa que diga es invención pura.
Luisma: Estás ejerciendo de IA.
María: Claro. Mira, he desarrollado una cosa que se llama la Matriz Exploradora Fractal del Tiempo, sobre cómo nos relacionamos con el tiempo. Lo que vi es que el tiempo se declina tres veces sobre sí mismo: pasado, presente y futuro, y dentro de cada uno, otra vez los tres. El pasado del pasado son nuestros legados, lo que nos han dicho; todo eso hay que traerlo al presente y analizarlo. El futuro del pasado es lo que iba a ser y ya no va a ser: si disolviste una sociedad, ya no vas a hacer aquel proyecto con tu socio. El futuro del futuro es lo que me estás preguntando tú; ahí está la ciencia ficción, los coches que volarán. El futuro del presente es lo que hago hoy y dará frutos mañana: si hoy no hago algo, no va a poder ocurrir. A lo mejor esta conversación hace que mañana salga una colaboración. Todo ocurre cuando nace del presente; tiene que haber un anclaje en el presente.
Luisma: Por ir terminando: ¿algún libro que hayas leído últimamente y que recomiendes?
María: Tenía aquí uno sobre el tiempo, que es muy chulo: El orden del tiempo, de Carlo Rovelli, que cuenta cómo está construido el tiempo. Y otro que habla de las metáforas, que me encanta: Metáforas de la vida cotidiana. Te enseña cómo está construida, por ejemplo, una discusión: como una batalla. Yo te argumento, te contraataco, y es una pelea por ver quién tiene razón. Podría ser un baile, y entonces sería otra cosa. O el tiempo es dinero: el tiempo se invierte, se pierde… y dices: pero el tiempo es tiempo. O lo alto es lo bueno y lo bajo es lo malo. Lo recomiendo porque te hace reflexionar sobre cómo nos relacionamos con el lenguaje y cómo nos condiciona a la hora de pensar, como lo que hablaba de los refranes.
Luisma: Esto no estaba preparado, que tuvieras ahí esos dos libros.
María: Sí, los tengo aquí. A mí me encanta cuando me hacen un hackeo en la cabeza y piensas: ¿es verdad? ¿Y por qué esto tiene que ser así? Y empiezas a pensar…
Luisma: Muchísimas gracias por tu tiempo. Espero que este acercamiento desde Tinta Artificial se convierta en algo más; como sabes, es un experimento que no sabemos…
María: Perfecto: la vida es un experimento.
Luisma: … a dónde nos va a llevar. Te animo a que sigas explorando en esos proyectos, en esas conversaciones, en esas inquietudes que nacen desde dentro y que ninguna inteligencia artificial va a poder sacar fuera, porque lo que sale de un día malo, de un día bueno, de una discusión, de un abrazo, de un beso, nadie lo puede replicar más que quienes lo vivimos. Gracias a ti y a quienes nos escuchen. Seguiremos experimentando y explorando estos caminos de la escritura y de la inteligencia artificial, de estas herramientas que a veces te abruman y otras veces adoptas y, como tú decías, tienes como una compañera con la que conversar y ver a dónde te lleva esa conversación. Muchas gracias, María.
María: Un placer.